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MOVIMIENTO POR LA TIERRA

JOAO STÉDILE: No al agrocombustible.

JOAO STÉDILE: No al agrocombustible.

Joao Pedro Stédile, dirigente del brasileño Movimiento de los Sin Tierra(MST),  considera que es urgente frenar la producción de agrocombustiles y la expansión de los monocultivos, dos de los factores que están incrementando aceleradamente la concentración de la propiedad de la tierra y la merma de los cultivos dedicados a la producción de alimentos. “Debemos frenar al imperio del capital internacional, que quiere consolidar y extender el control del mercado mundial de productos agrícolas”, subraya en esta entrevista que concedió a José Vicente.

- ¿Cómo ve el MST el avance de los proyectos de producción de agrocombustibles?

-Los vemos con gran preocupación. Porque, de hecho, lo que está en curso es una gran alianza entre tres tipos de capitales transnacionales: las petroleras (que quieren disminuir la dependencia del petróleo), las automovilísticas (que quieren seguir con ese patrón de transporte individual para sacar ganancias) y las empresas del agro (como Bunge, Cargill, Monsanto) que quieren seguir monopolizando el mercado mundial de productos agrícolas. Y ahora, ese imperio del capital internacional quiere hacer una alianza con los grandes propietarios de tierra en el sur, y en especial en Brasil, para utilizar grandes extensiones de tierra para la producción de agrocombustibles. Ellos quieren producir una mercancía que sólo interesa para mantener sus tasas de ganancia y sus modos de vida. No hay ninguna relación con preocupaciones por el medio ambiente, el calentamiento global u otras cosas, que nosotros los simples humanos tenemos. El capital tiene un único objetivo: reproducirse en sus tasas de ganancia. Y ahora viene con toda su fuerza a producir energía para sus coches a partir del agrocultivo.

- ¿Por qué llamarlos agrocombustibles y no biocombustibles?

-Hemos estudiado y compartido en el Forum Mundial de Soberanía Alimentaria en Mali, África, que hay una gran manipulación por parte de ese capital, en llamar a los combustibles de origen vegetal, renovables, con el prefijo de bio, que significa vida. Es una aberración, porque todos los seres vivos tienen el componente bio. Entonces nosotros podríamos llamarnos bio-personas, bio-joaopedro. Pero ellos pasan a utilizar el prefijo bio para dar a entender que es una cosa buena, políticamente correcta. Por eso, como La Vía Campesina Internacional, hemos acordado llamarlos por su verdadero concepto. O sea, combustibles o energía de origen producida en el agro; por lo tanto, el término correcto es agrocombustibles o agroenergía.

-  ¿Cuáles son los impactos que ustedes ven sobre la agricultura y la alimentación?

-En la agricultura capitalista las reglas de la economía política funcionan para toda la producción agrícola  basada en las tasas medias de ganancia. Por lo tanto, si el etanol o el agrocombustible de otros orígenes vegetales proporcionan
 más ganancia al productor capitalista que el maíz,  el trigo, el fríjol,  habrá menos producción de alimentos. Esa  es la regla del capitalismo.  Y eso ya está ocurriendo en Brasil. La caña está avanzando sobre áreas cultivadas de fríjol, de maíz y de ganado lechero, por ejemplo.
El segundo efecto es que se ampliarán las áreas de monocultivo. Grandes extensiones de tierra fértiles estarán dominadas por el monocultivo de la caña o de la soya para producción de combustibles. Y la producción agrícola en la forma de monocultivo, es por sí sola perjudicial para la naturaleza, porque destruye otras formas de vegetales y  la biodiversidad. Ya hay estudios en Brasil que demuestran que los monocultivos de soja y de  caña alteran el equilibrio de las lluvias, que se concentran más en un período del año y se vuelven más fuertes, más torrenciales. Además, esas aguas, como no tienen la biodiversidad para equilibrar y abastecerse de ellas, corren con más intensidad para los ríos o para la capa freática subterránea. También hay estudios que muestran el aumento de la temperatura media en esas regiones. Y el aumento de la incidencia de las sequías en regiones de monocultivo. Sin contar con que, en el caso de la caña, tenemos el agravante de las quemas, que lanzan gas carbónico para la atmósfera y agravan las pésimas condiciones de trabajo de los obreros asalariados, que por lo general traen de regiones distantes para evitar que se organicen y luchen.

- ¿Cuáles son los impactos que ven en cuanto a la distribución de la tierra?

-Por supuesto que hay un enorme impacto también en la concentración de la propiedad de la tierra. Como se estimula el monocultivo por grandes empresas, evidentemente que esas empresas en alianza con el capital financiero e internacional invierten en  la compra de grandes extensiones de tierra. En los últimos meses, Cargill, por ejemplo, ya compró la planta más grande de alcohol en Sao Paulo con sus 36 mil hectáreas continuas de caña. Y es ya la mayor área cultivada continua de caña. Y así se está reproduciendo. En el estado de Sao Paulo había hasta el año pasado cuatro millones de hectáreas de caña que con los planes de expansión de muchas usinas llegarán en sólo tres años  a siete millones de hectáreas. Y además otros estados cercanos de esa región, como Goias, sudoeste de Minas y Mato Grosso do Sul, ya están ampliando los cultivos de caña para instalar en los próximos cinco años nada menos que 77 nuevas usinas. Y  Petrobras ya empezó la construcción de dos alcoholductos. Uno sale de Cuiaba (capital de Mato Grosso en el centro oeste) y va para el puerto de Paranaguá (Paraná) y otro en las cercanías de Goiania (capital de Goias) que va hasta Santos. Toda esa región será tomada por grandes propiedades de caña. Una concentración impresionante. Por otra parte, se nota la presencia de capitales internacionales, como Cargill. Muchos fondos de inversionistas extranjeros están invirtiendo en acciones de empresas brasileñas que operan en alcohol.

- ¿Cuál es la experiencia que se tiene en Brasil después de más de 30 años produciendo alcohol a partir de la caña de azúcar?

-La producción de alcohol de caña para autos tuvo un impacto positivo en la balanza comercial de Brasil que disminuyó en aquel entonces la importancia del petróleo y logró equilibrar los precios de los combustibles. Pero eso trajo como consecuencia innumerables problemas ambientales, porque el regimen militar de entonces optó por el monocultivo y grandes usinas. Muchos municipios se transformaron en inmensos cañaverales, totalmente dependientes de la importación de comida de otros lugares. Y tampoco resultó en disminución de la contaminación. Primero porque la misma producción de caña necesita de diesel y de derivados de petróleo para los fertilizantes. Así aumenta en 25% el consumo de petróleo en esas regiones. Segundo, los automóviles con mezcla de gasolina con alcohol siguen calentando el clima, por la sobrepoblación de autos y personas en grandes ciudades. O sea, no resolvió ningún problema de medio ambiente o de carbono en la atmósfera. Muy al contrario. Y se agravaron los problemas sociales, por la concentración de la propiedad, por la disminución del trabajo en el campo, con el éxodo rural, etc. Las regiones cañeras de Brasil son las regiones de mayor concentración de riqueza y mayor existencia de pobreza. Siempre utilizo el ejemplo del municipio de Ribeirao Preto, en el centro de Sao Paulo, que es considerado por la burguesía como la California brasilera, por su elevado desarrollo tecnológico en la caña. Hace 30 años, esa ciudad producía todos los alimentos, tenía campesinado en el interior y, de hecho, era una región rica y con distribución equitativa de la renta. Ahora, es un inmenso cañaveral, con unas 30 usinas que controlan toda la tierra. En la ciudad hay 100 mil personas que viven en favelas. Y la población carcelaria es de 3.813 personas -sólo adultos-, mientras la población que vive de la agricultura y tiene trabajo allí es de solamente 2.412 personas contando los niños. Ese es el modelo de sociedad del monocultivo de la caña. ¡Hay más gente en la cárcel que dedicada a la agricultura!

- ¿Cómo piensan ustedes que debe enfrentarse la crisis energética y de los combustibles fósiles?

-Nosotros decimos que hay que hacer un gran debate con toda la sociedad para enfrentar el problema en varios niveles. El primer y más importante nivel es que tenemos que cambiar la matriz de transporte. Sustituir el transporte de autos individuales que consume mucha gasolina y alcohol por el transporte colectivo, que puede utilizar el gas, energía eléctrica y otras formas menos contaminantes. Segundo, ir cambiando las fuentes de la matriz energética de toda la sociedad, estimulando todo tipo de alternativas, de menor escala, como pequeñas y medianas hidroeléctricas, que causan menor impacto en el medio ambiente, eólica, etc. Tercero, tenemos que concebir una idea de soberanía energética. O sea, cada pueblo, cada municipio debe buscar sus propias soluciones locales, para no depender de energía transportada de otras localidades. Bueno, es cierto que las grandes ciudades ya no lo lograrán, pero podemos disminuir en mucho y si combinamos con las alternativas anteriores  podemos encontrar formas no contaminantes y de equilibrio con el medio ambiente. Esperamos que las consecuencias perversas del calentamiento del planeta, del cambio climático, que ya la población urbana siente, puedan llevar a un proceso de concientización de las personas, para presionar a los gobiernos y que realicen los cambios. Porque las empresas y los capitalistas no tienen ningún compromiso con la gente. Sólo piensan en sus ganancias.

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