Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2010.

Un nuevo modelo agrario

20100129191904-rodasa.jpg

“Cuando surgió el tema de la colonia, en Utaa comenzamos a trabajar para que el proyecto fuera una alternativa al modelo tradicional que predomina en el campo”, dice Jorge Rodas.

“Actualmente, el modelo tradicional hace que el asalariado rural sea el más abandonado. Es el que más aporta y el que menos recibe. Recibe tan poco que ni siquiera puede mandar a los hijos a terminar Secundaria. Por eso vimos a la colonia como una experiencia que permitirá el acceso a la tierra por la que tanto hemos luchado para trabajar y vivir con dignidad, cubrir las necesidades de nuestras familias y dar una buena educación a nuestros hijos. La tierra no debe ser sólo para los grandes latifundistas, para los monocultivos, las multinacionales, para los capitales extranjeros”, agrega.

“Las 2033 hectáreas que nos prometieron no pueden venir solas. La tierra es importante, es la base de todo, pero se necesita algo más. Se necesita un parque de maquinaria, viviendas para las familias que se asienten en la colonia y, entre otras cosas, recursos financieros que permitan trabajar y vivir mientras llega la cosecha. Si no se dan esas condiciones, la experiencia puede fracasar porque ni los peludos ni los pequeños productores son grandes terratenientes que disponen de capital para sembrar y esperar. Si no disponen de medios para aguantar hasta la cosecha, quedarán endeudados y eso puede llevarlos al fracaso, y si fracasan no faltarán quienes digan que los trabajadores rurales no sirven para llevar adelante una experiencia de este tipo. Pero todos sabemos que sí servimos, que podemos hacer bien las cosas. Lo que necesitamos en esta instancia es crédito y apoyo, respaldo para salir adelante”, explica.

Este es precisamente uno de los temas que se pusieron sobre la mesa en las negociaciones con Alur y el Inc. Los trabajadores rurales y los pequeños productores reclaman que una vez que se haga efectiva la adjudicación de tierras, Alur adelante a los colonos recursos financieros que serán descontados del producido de la cosecha. “Eso es fundamental para que el proyecto de la colonia sea posible”, señala Rodas.

Rodas también pone el acento sobre la diversificación productiva, otra de las demandas de las organizaciones. “Planteamos que en la colonia se produzcan alimentos, además de caña. El tema de los alimentos es un problema crucial, no sólo en nuestro país sino igualmente a nivel mundial y por eso vemos a la diversificación productiva como uno de los objetivos esenciales de la colonia”.

“Un modelo agrario como el que planteamos, con acceso real a l

... (...leer más)

Cansados de esperar

20100129193013-tierra-o1a.jpg

El 26 de noviembre de 2007, en la plaza principal de Bella Unión, Artigas, en el curso de una de sus giras “pueblo a pueblo”, el presidente Tabaré Vázquez prometió que el Instituto Nacional de Colonización (Inc) entregaría tierra a “los peludos y sus hijos”.

El anuncio presidencial abrió las puertas a un proyecto de instalar en la tierra prometida una colonia agraria de asalariados rurales y pequeños productores. El objetivo de la colonia, denominada Raúl Sendic Antonaccio por el Inc, era producir caña de azúcar para Alcoholes del Uruguay (Alur), en el marco del proyecto sucroalcoholero del gobierno progresista.
Cuando se comenzó a hablar de la futura colonia quedó claro que la tierra sola no era suficiente. Como plantearon reiteradamente los aspirantes a colonos y las organizaciones que los representan, se necesitaba maquinaria, viviendas, financiación, sistema de riego y otras cosas imprescindibles, pero no se contaba ni con un tractor en buen estado. En esas condiciones era imposible que los colonos pudieran trabajar y vivir dignamente.

También tomó cuerpo el  no menos razonable planteo de no convertir a la colonia en un monocultivo de caña. “ Además  de caña debemos producir alimentos”, afirmaron, una y otra vez, quienes aspiran a afincarse con sus familias en la colonia.
Pero el proyecto se fue hundiendo poco a poco en un profundísimo pozo de idas y vueltas, dilatorias, reuniones extenuantes y aplazamientos de todos los colores. Los peludos y los pequeños productores empujaban y empujaban pero el INC y ALUR hacían tiempo y no concretaban. Y así pasaron dos años, dos meses y cuatro días sin que el proyecto terminara de nacer, sin que la colonia, que tantos hermosos sueños había encendido, se hiciera realidad.

Fue así que en las primeras horas del pasado lunes 4 de enero la tierra prometida fue ocupada por militantes de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (Utaa), la Asociación de Pequeños Agricultores y Asalariados Rurales de Bella Unión (Apaarbu), el Sindicato de Obreros de la Caña de Azúcar (Soca), la Gremial Granjera y el Sindicato de Obreros de Calagua (Sucal), las cinco organizaciones sociales  involucradas en el proyecto.
“Ocupamos porque nos tenían a cuentos”, dice Juan Santana y agrega: “La gente se cansó de esperar. No entregaron la tierra que habían prometido hace dos años y tampoco se adoptaron medidas para que los colonos tuvieran condiciones dignas de vida y de trabajo”.

“La entrega de la tierra

... (...leer más)


20100129153544-0001ab.jpg
29/01/2010 11:36 porlatierra MporlaTierra@adinet.com.uy. sin tema

20100129153735-0003ab.jpg
29/01/2010 11:37 porlatierra MporlaTierra@adinet.com.uy. sin tema

HUMOR

20100129153856-0002ab.jpg

Por: PEPO uy.

29/01/2010 11:45 porlatierra MporlaTierra@adinet.com.uy. sin tema

Unidad para luchar

20100129161003-junior-a.jpg

“No bajamos los brazos. Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para obtener lo que reclamamos”, dicen los asalariados y pequeños productores entrevistados en Bella Unión.

Bernardo Silveira, Iris Suárez, Alberto Martínez, Silvio Cesta y Daniel Belén coinciden en afirmar que la movilización se mantendrá hasta que los organismos estatales den cumplimiento a sus demandas.

“Lo que pedimos es justo. Lo que estamos planteando es que debemos contar con lo necesario para trabajar y vivir dignamente en la colonia. Necesitamos maquinaria, vivienda, crédito, y, como lo demostró la ocupación, estamos decididos a continuar luchando por eso”, afirman.

Junior Belén, integrante del Soca, destaca que la actual movilización de trabajadores y pequeños productores es una importante etapa de la larga lucha por la tierra en Bella Unión. “Es parte de esa lucha que se viene librando aquí desde hace mucho tiempo”, señala.

Peludos y pequeños agricultores encaran con ánimo templado las negociaciones en curso. Demuestran diariamente que no cederán a presiones ni amenazas. Su fuerza radica en la justicia de sus reclamos y en la unidad de las organizaciones que integran. Saben que esa unidad es vital, que es la herramienta más importante de que disponen.

“Si tiramos parejo, como lo estamos haciendo desde el comienzo, conseguiremos salir adelante. Si algo está confirmado esta movilización es que si nos juntamos, si nos unimos para luchar, para defender nuestros derechos, llevamos las de ganar. Esa unidad es lo que ha sostenido y continuará sosteniendo nuestra lucha”, afirman.

El fuego que no cesa

20100129164426-lilaa.jpg

“La llama que encendió la UTAA hace 50 años continúa encendida. Y no se apagará, porque la voluntad de luchar por la tierra se mantiene firme, como en estos momentos se está demostrando una vez más”, dice Lila González.
La actual movilización de los asalariados rurales y pequeños productores de Bella Unión “es la continuación de una historia que viene de muy atrás y que se renueva constantemente”, afirma
“La tierra es un bien social y la vemos como parte inseparable de nuestras vidas. En la tierra nacemos y crecemos y de ella depende nuestro sustento, nuestra salud, todo”, sostiene.

Militante de todas las horas, Lila destaca que la unidad es vital para los trabajadores. “Es lo que nos permite dar la batalla por nuestros derechos, llevar adelante nuestras reivindicaciones y defendernos de los falsos políticos”, señala.

El pasado lunes 15 la Utaa llevó a cabo un acto público con motivo de cumplirse el cuarto aniversario de la ocupación de Colonia España. Allí Lila dio lectura a una declaración de Utaa en la que se reivindica a las ocupaciones como herramienta válida para continuar luchando por la estabilidad económica de los más necesitados, “haciéndonos dueños de la tierra y de lo que en ella producimos”. Lila añade:
“Muchas experiencias nos dicen claramente que la ocupación es el único camino que tiene la gente pobre para acceder a la tierra. No sólo en Uruguay sino también en muchos otros países, donde los gobiernos de turno no dan tierra a los que la necesitan y sí la entregan a grandes terratenientes y empresas extranjeras, como está sucediendo en nuestro país. La gente pobre, el trabajador rural, no acceden a la tierra si no la toman. Por eso nuestro sindicato reivindica esta medida como una herramienta válida”.

Sobre la situación del asalariado rural, opina:
“Nos usan como herramientas. Seguimos vendiendo barata nuestra fuerza de trabajo para que usureros y especuladores y gringos nos sigan explotando. Se aprovechan de la necesidad de la gente. Y lo peor de todo es que este gobierno que tenemos se dice de izquierda y lo que menos tiene es de izquierda. Es un gobierno netamente capitalista”.

El cambio anhelado no vendrá si el pueblo pobre no hace el esfuerzo necesario para lograrlo, dice. Y subraya:
”Sin lucha, y sin medidas como las que hemos tomado, nada importante se conseguirá. Ese es el camino. Mientras exista la UTAA, la llama continuará encendida. Hoy estamos nosotros, y cuando ya no

... (...leer más)

El sueño de Juan Carlos

20100129181212-poetaa.jpg

“Me uní a la ocupación para que no se me hiciera pedazos un sueño”, dice Juan Carlos Silva. “Un sueño lindo que se estaba escapando, que se estaba rompiendo”.

Cortador de caña desde hace 25 años y padre de 11 hijos, Silva es uno de los tantos trabajadores rurales de Bella Unión que se entusiasmaron y entrevieron un futuro mejor cuando el presidente Tabaré Vázquez anunció que les entregaría tierra, tierra para trabajar, para producir, para criar bien a los gurises, para construir una vida digna. Pero más de dos años después la promesa del presidente no se había cumplido y las esperanzas se cargaron de sombras. “Fue un golpe duro”, dice Silva y cuenta:

“Cuando el señor presidente vino a la plaza y dijo que iba a dar tierra, yo empecé a soñar. Empecé a soñar con una colonia de trabajadores, una colonia unida y productiva, con viviendas para la familia, con policlínica, con escuela, con una placita para los chiquilines y todo. En eso pensamos yo y mi compañera, que también está en la caña y me ayuda. Pensamos en que las cosas iban a cambiar, que por fin, después de tanto rompernos el lomo, íbamos a mejorar, a tener otra vida, una vida mejor. Ese fue el sueño, nuestro sueño. Pero la tierra no llegaba. Todo se iba demorando y la tierra que había prometido el presidente no llegaba, no llegaba nunca. Te decían que mañana, que pasado, pero no llegaba, no llegaba nunca. Entonces vi que el sueño se iba a romper, se iba a quebrar, se iba a hacer añicos, se iba a deshacer en pedacitos. Y si se rompía, si se deshacía, no íbamos a poder juntar los pedacitos, no iba a quedar nada, nada. Y yo y todos los compañeros vimos clarito que para evitar que el sueño se rompiera, para hacerlo realidad, teníamos que juntarnos y empujar, luchar y empujar, porque sólo así se consiguen las cosas. Sólo luchando se realizan los sueños. Y eso fue lo que hicimos. Nos metimos en la tierra por eso. Y seguiremos peleando por eso, por nuestro sueño”.

Arriba y abajo

20100129190406-chinoa.jpg

“Hay gente que peleó durante años por muchas de las demandas que nosotros estamos planteando. Pero esa gente llegó al gobierno y sigue haciendo lo mismo que se hacía antes”, afirma Daniel “Chino” Suárez. 
En el otro extremo, allí abajo, donde la vida es dura, donde hay que sudar dolor sobre el surco ajeno, están los que, como antes, continúan vendiendo su fuerza de trabajo por pocos pesos. El Chino dice:
“ Si no tenés para comer, si no tenés para vestir a tus hijos, para pagar la luz ni el agua, para atender tus necesidades básicas, todo eso te obliga a vender tu trabajo a bajo costo”.

Esta realidad genera situaciones que el Chino analiza así:
“A veces nosotros decimos que tal o cual compañero está carnereando y eso pero la injusticia social que hay hace que muchas veces se venda la fuerza de trabajo como mano de obra barata. No es que sean carneros y esto y aquello. Los obliga la misma necesidad”.

¿Cuánto pagó el INC por la tierra de la colonia Raúl Sendic? “Eso no se sabe-dice el Chino- Pueden decir que pagaron 100 pesos o un millón de dólares, pero ¿los documentos dónde están?”. Conocer los detalles de la operación es importante porque todo parece indicar que el propietario del campo le debía una abultada suma de dinero al INC. “¿Y será que eso había que pagarlo?”-se pregunta el Chino- ¿El dueño del campo debía y todavía había que pagarle?¿El INC absorbió la deuda y además le dio plata encima? Así es cómo se están manejando las cosas aquí. Se sigue favoreciendo a los de siempre. A los terratenientes, a los que concentran la riqueza”.

A juicio de los asalariados rurales y pequeños productores, la puesta en marcha de la colonia exige contar con condiciones mínimas que aseguren una gestión adecuada de las 2033 hectáreas.
Esas condiciones-que se detallan en otras páginas de esta edición- incluyen los recursos financieros imprescindibles para trabajar y mantenerse mientras llega la cosecha.

Lo que se pide no son fortunas ni nada por el estilo. Se reclama sólo lo necesario para que los colonos y sus familias puedan trabajar y vivir dignamente. Y no están pidiendo regalos ni limosnas. Lo que reciban será descontado del dinero que produzca la cosecha, es decir lo que reditúe su propio esfuerzo. Al respecto, el Chino dice:
“No es posible que en un proyecto tan grande como el sucroalcoholero, que mueve millones de dólare

... (...leer más)


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris